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Mensaje del Padre Len Plazewski - Director de Vocaciones

Parte de mi ministerio como director de vocaciones incluye hablar con diferentes personas acerca de vocaciones. Esto ha causado de que yo me tome el tiempo para reflexionar más de cerca mi propia llamada; mi propia vocación, en la cual veo continuamente como Dios se manifiesta en mi vida. Aunque muchas veces se puede encontrar gran variedad de experiencias en la vida de las personas, como también sus intereses, hobbies, dones y talentos, siempre existen grandes similitudes con respecto a sentir y seguir la llamada de Dios. Cuando pienso en “mi llamada”, pienso en la presencia perspicaz de Dios en mi vida y de cómo me di cuenta gradualmente, no solo la presencia de Dios en mi vida, pero también su llamado al sacerdocio.   

“No lo Puedo Hacer!” 

Siempre me han fascinado (y algunas veces me sorprenden) las preguntas que me hacen diferentes personas cuando me reúno con grupos de diferentes edades. Generalmente, tales preguntas tienden a caer bajo varias categorías, las cuales incluyen: “Lo que los sacerdotes hacen” ó “¿Como llama Dios a una persona?”.

Muchas veces hay un enfoque en lo que los sacerdotes y religiosos NO están permitidos hacer. Cuando se habla de vocaciones religiosas, lo primero que se pregunta en una conversación es el hecho de que los sacerdotes y religiosos no se casan. Desde el exterior se le presta gran cantidad de atención a los sacrificios que se hacen al seguir una vocación religiosa. Mientras que algo de esto es bastante natural, a veces parece ser desproporcionada la cantidad de atención dada al aspecto relacionado con los sacrificios de una vocación. Es un poco extraño porque las personas generalmente no se enfocan en sacrificios cuando se discute, acerca del matrimonio por ejemplo, u otros caminos de la vida. Esto no significa que esté diciendo que no hay sacrificios en otros caminos de la vida (ciertamente los hay). Mientras existen sacrificios al responder la llamada de Dios en una vida que se dedicará al servicio de la iglesia, los sacrificios no son el enfoque en esta forma de vida.

Como católicos, creemos que Dios nos llama a todos a vivir nuestras vidas de una manera especial. Es descubriendo el plan de Dios para nuestras vidas y viviéndolo, como nosotros finalmente encontraremos felicidad verdadera y una realización duradera. La frase “No puedo” se debe más bien reemplazar con las posibilidades de “puedo”. Cuando miro a mi sacerdocio, me encuentro continuamente sorprendido de todas las cosas que Dios me ha traído con esta llamada. El responder a la llamada de Dios y el decir “si” a su voluntad abre la vida a la posibilidad de mucho más. El sacerdocio y la vida religiosa no se tratan de aquellas cosas que uno no puede hacer, pero se trata de todas aquellas áreas que ahora se convierten accesibles. Mientras que existen sacrificios en una vocación religiosa, hay muchas otras cosas que son parte de esta forma de vida que no serian posibles si se vivieran de otra manera.  

“El Don Jubiloso del Celibato!”

Como sacerdote me he comprometido a dedicar mi vida a Dios y al cuidado de sus hijos. He renunciado a la posibilidad de una esposa e hijos propios para así servir a una familia aun más grande; la humanidad. Este ha sido precisamente mi experiencia en el ministerio. El celibato ha abierto mi vida a grandes oportunidades. Soy parte de una familia más grande. El simple hecho de que nosotros usamos palabras como “padre”, “hermana” y “hermano” para referirnos a aquellos con una vocación religiosa, indica la intimidad e inclusión dentro de la familia de la iglesia. Hay tantas cosas que llenan mi vida las cuales han venido precisamente como resultado de los sacrificios iniciales y continuos. Para aquellos llamados, es una vida de gran realización y felicidad que pasa las expectativas limitadas del corazón humano. Desde mi punto de vista, aquellos sacrificios que yo he hecho son ciertamente muy pequeños!!!

“Respondiendo a Aquellas Preguntas”

Existen muchas preguntas que constantemente nos hacemos acerca de la vida, especialmente cuando pensamos en el futuro, tales como “¿Hacia dónde me dirijo?” ¿“Como llego hasta allí? “¿Estaré contento?” ó ¿A que me estará llamando Dios en mi vida? Desafortunadamente, a veces nuestra sociedad nos presiona al tomar decisiones basadas solamente en criteria externa, tales como, ¿Será esto bueno para mi carrera? ó “¿Me permitirá esto ganar bastante dinero?

En vez de hacerse la pregunta “¿Es esto adecuado para mí?”, nos limitamos a hacernos solo preguntas como, “¿Qué puedo hacer para integrarme?”

¿Dónde Encontrar las Respuestas?

Mientras consideras tu futuro, debes de moverte más allá de lo externo y concentrarte más en las preguntas profundas; las preguntas que lo dirigen a uno a encontrarse a uno mismo. Desafortunadamente, las respuestas a estas preguntas no se encuentran en libros de carreras, revistas, panfletos de universidad, ni siquiera en los consejos que le proveen a uno los consejeros en un colegio o universidad. Respondiendo a estas preguntas recónditas empieza con el darse cuenta uno mismo, de que existe un ejercicio interno del corazón y un ejercicio de oración más que cualquier otra cosa. Aunque cada persona puede que reflexione y discierna de manera particular, yo promovería algunos pasos básicos

1.         Primero, pídele a Dios por una buena dirección/ orientación.

  • Pasa un tiempo considerable en un lugar silencioso, sea en una iglesia, en un parque, o si puedes hasta en su cuarto.
  • Dídele a Dios por su ayuda y guía.

2.         Habla con los demás. Considera tus dones. Busca guía de las personas que conoces y confías, que a lo mejor tengan una buena relación con el Señor. Tal vez un sacerdote, o religioso(a), o hasta los padres.

3.         Descubre y ten consciente tus sentimientos. ¿Qué es lo que verdaderamente te trae satisfacción, paz, y alegría? Conoce tus miedos y ten en cuenta que Dios te llama mas allá que esos miedos que lo agobian a uno. 

4.         Por último, confía en Dios. Debes de saber y creer que Dios te ama y desea lo mejor para ti. Dios te ha creado una persona única. Tus dones, el don de tu vida, tus orígenes y circunstancias, llegan a unirse para formar un maravilloso mosaico. La verdadera duradera y profunda felicidad se encuentra solamente abrazando la voluntad de Dios.

“El miedo es inservible, Lo que se necesita es confianza.”

 Muchas veces nuestros miedos tienden a detener nuestro actuar en cuanto al tomar decisiones en la vida. El miedo no es un signo de la presencia de Dios. Aquellos que tal vez no deseen que sigamos a Dios, muchas veces juegan con nuestros miedos. A menudo, la gente piensa que ellos deben esperar a que estén 100% seguros de sus decisiones. Si estas esperando por ello, tal vez nunca vaya a pasar. Las grandes y conocidas personas en la biblia, dejaron que sus miedos y ansiedades pasaran, permitiendo que Dios trabajara atravez de ellos – personas como Abraham, Moisés, María y los Apóstoles! Jesús nos recuerda que no debemos de dejar para mañana lo que se puede hacer hoy. Muchas veces nuestros miedos obtienen lo mejor de nosotros y seguimos poniendo a Dios a un lado. No hay duda alguna de que existe el riesgo, de que hay incertidumbres, o de que haya duda. Pero el hecho de solo ponernos en las manos de Dios y de confiar en él, nada puede ir mal. Probablemente no exista un tiempo perfecto. ¿Por qué esperar hasta mañana? No dejes a un lado el bien que Dios quiere y necesita que tú hagas por él hoy! Es casi imposible el responder a todas estas preguntas solo. Precisamente para esto es que existen los seminarios (lugares de preparación y continuo discernimiento), directores espirituales, directores de vocaciones, etc. Todas estas cosas están a tu disponibilidad, no para tratar de convencerte de hacer algo en contra de tu voluntad, pero más bien para ayudarte a conocer y a aceptar la voluntad de Dios en tu vida!

 
 

Catequesis Sobre el bello don del Celibato

               Por Padre Carlos Rojas

(Iglesia Católica de San Clemente, Plant City, Florida)

 
    

Como respuesta a los eventos recientes, que desafortunadamente han causado gran dolor, escándalo y confusión entre nuestra comunidad, expongo aquí siete puntos sobre el entendimiento apropiado y correcto del don sobrenatural del celibato. Como fundamento principal uso el Santo Evangelio de San Mateo 19:1-12 y la primera carta de San Pablo a los Corintios capítulo 7. 

  No es algo natural, sino sobrenatural

Dios decididamente declara: “No está bien que el hombre este solo; voy a hacerle una ayuda adecuada (Gn. 2:18).” Después de esto Dios crea a la mujer e instituye al matrimonio entre el hombre y la mujer: “Por eso el hombre abandona padre y madre, se une a su mujer y se hacen una sola carne (Gn. 2:24).”  De esta manera el hombre y la mujer cumplen con el mandato que Dios nos da: “Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla (Gn. 1:28).”

En Mateo 19:4-6 leemos como Jesucristo reafirma al matrimonio haciendo énfasis en la unión permanente entre el hombre y la mujer: “De suerte que ya no son dos, sino una sola carne.  Así pues, lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre (Mt. 19:6).” Ciertamente el Santo Matrimonio es la norma para todo ser humano; en él la persona encuentra respuesta a no estar solo, tener la ayuda adecuada, ser fecundos y multiplicarse. Pero luego en Mateo 19, 10-12 leemos como Jesucristo justifica el “no casarse (Mt. 19:10)” como la manera válida de vivir aunque siendo una excepción a la norma. 

Jesús nos dice sobre vivir sin casarse: “No todos pueden con este camino (Mt. 19:11).” Noten que Jesucristo no desaprueba, ni niega, ni condena el vivir sin casarse, sino que claramente nos recuerda que no es algo que todos pueden hacer. En resumen, el celibato no es lo natural u ordinario en la vida humana, sino que es algo sobrenatural y extraordinario.

  Es un regalo de Dios

 

Enseguida después de las palabras en que Jesucristo nos enseña que el celibato es una excepción a las normas, luego nos dice que el celibato es, “solamente para aquellos que reciben tal don (Mt. 19:11).” El vivir sin casarse, es un don de Dios. Es un regalo, un carisma, un talento que solo Dios puede dar. En consecuencia, el celibato es solamente para aquellos a quienes Dios ha escogido dar el don de ser célibes.  Es muy difícil, y casi imposible, el dibujar, bailar o cantar para alguien que no ha recibido ese don artístico. Así es el don del celibato.  El poder vivir sin casarse no es algo natural, es sobrenatural y consecuentemente la persona necesita gracias sobrenaturales que solo Dios puede dar.  En resumidas palabras, el vivir célibe es un don que Dios da a quienes El quiere dar.

  Se Recibe Libremente
 

El celibato no solamente es un don que Dios da, sino que también es necesario que la persona esté abierta y dispuesta a recibir libremente ese don. Es asimismo necesario colaborar para aumentarlo y conservarlo. La persona que no tiene el talento para dibujar, bailar o cantar desarrolla su talento en la manera en que reconoce el don recibido y libremente busca la forma de colaborar y crecer en él y con él.  En resumen, el celibato es un don de Dios que se tiene que recibir libremente, buscando constantemente la manera de mantener, crecer, colaborar y madurar en este don sobrenatural.

  Propósito Determinado

En Mateo 19:12, leemos también el propósito por el cual Jesucristo justifica y aprueba el vivir célibe. El propósito determinado por Cristo es: “por el reino de los cielos.” El vivir sin casarse no es para vivir un estado de soltería sin compromiso, responsabilidades o libertad para hacer lo que a uno le plazca, sino que el vivir sin casarse es permitido como excepción a las normas cuando es en servicio, entrega y amor al reino de los cielos. Y es en esto que se fundamenta una bella espiritualidad mística del amor entre el célibe y Jesucristo por el reino de los cielos.

  Definición Positiva y Completa

Tristemente se ha reducido la definición del celibato a lo que esto niega: “¡NO se pueden casar! ¡NO puede tener relacione sexuales! ¡NO pueden tener sus propios hijos!” Estas son desafortunadamente las definiciones típicas que se escuchan entre personas en referencia al celibato. Esto es incorrecto e incompleto. Es incorrecto porque nadie está forzando a nadie a ser célibe. El verdadero célibe acepta, recibe, mantiene, colabora y vive libremente el don del celibato.  

Por otra parte es incompleto definir al celibato únicamente con lo que niega, se debe incluir lo que la persona célibe afirma. Por ejemplo, en el Diccionario de la Lengua Española (© 2005 Espasa-Calpe) la palabra “celibato” se define como: “Estado de quien no ha contraído matrimonio, soltería.” Esta definición es incompleta. Definir el celibato reduciéndolo únicamente a lo que niega es una difamación, humillación y injusticia a todos los que entregan su vida a Jesucristo por el reino de los cielos.

Una positive y completa definición del celibato debe incluir de alguna manera lo que el célibe afirma en su generoso y heroico: “¡Sí!” El célibe por el reino de los cielos dice:

+        “¡Sí!” al entregarlo todo y seguir a Cristo (Mt. 19:21; Mc. 10:21; Lc. 18:22).

+        “¡Sí!” para “preocuparse de los asuntos del Señor (1 Corintio 7:32).”

+        “¡Sí!” para “procurar agradar al Señor (1 Cor. 7:32).”

+        “¡Sí!” a la recomendación que San Pablo dada a las viudas y vírgenes: “serán mas felices si no se casan (1 Cor. 7:40).”

+        “¡Sí!”  para consagrar su cuerpo y espíritu al Señor (1 Cor. 7:34).

+        “¡Sí!” para hacer de su vida una “dedicación al Señor digna y constante (1 Cor. 7:35).”

+        “¡Sí!” para entregarse “sin distracciones (1 Cor. 7:35).”

+        “¡Sí!” para vivir una relación mística y nupcial con Cristo y su Iglesia aquí en la tierra como es en el cielo.

+        “¡Sí!” como Abrahán que al entregar su propio hijo recibe de Dios: “descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa (Gn. 22:17).”

+        “¡Sí!” como el “Hágase (Lc. 1:38)” de Maria, a quien aclaman “todas las generaciones (Lc 1:48)” como: “Bendita entre las mujeres (Lc. 1:42).”

+         “¡Sí!” para formar parte de una gran familia de santos y santas que fructíferamente han dicho “¡Sí!” al bello don del celibato por el reino de los cielos.

Definir el celibato únicamente por lo que niega, lo despoja de su gloriosa y admirable hermosura. Esto es semejante al que define al Santo Matrimonio con lo que niega: “¡El matrimonio NO puede ser célibe por el reino de los cielos! ¡El matrimonio es NO ser soltero! ¡El matrimonio es NO tener la libertad que uno tenia antes! ¡El matrimonio es NO ser independiente!” Reducir el matrimonio a lo que niega es una aversión a su belleza y grandiosidad. Al igual pasa cuando definimos “celibato” solamente por lo que niega.  

   Plenitud Humana

El célibe responde a la problemática de: “NO está bien que el hombre este solo (Gn. 2:18),” haciendo de Jesucristo su eterno “!Si!” como la “ayuda adecuada (Gn. 2:18).” Desde el principio de los tiempos, el Creador destinó a Cristo “ayuda adecuada” para todo ser humano como nuestro salvador, redentor y único mediador con el Padre. 

El célibe se entrega a Jesucristo y a la Iglesia como una pareja se entrega en matrimonio: “Yo te quiero a ti como esposo/a y me entrego a ti, y prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de tu vida.” Con la diferencia que el matrimonio con Cristo no es hasta que la muerte nos separe, sino hasta que la muerte, finalmente, nos una completamente con el Amado Jesucristo, en la boda celestial:
 

!Aleluya ya reina el Señor, Dios nuestro Todopoderoso! Alegrémonos, regocijémonos y demos gloria a Dios, porque ha llegado la boda del Cordero, y la novia esta preparada. La han vestido de lino puro, resplandeciente—el lino son las obras buenas de los santos— (…) Dichoso los convidados a las bodas del Cordero (Apocalipsis 10: 6-9).

Recordemos que la plenitud de todo ser humano (y no solo los célibes) se encuentra únicamente en la comunión íntima, mística y nupcial con Cristo. Este es el llamado y fin de todo ser humano, es la meta a la cual estamos todos invitados, viviendo toda la eternidad en el reino de los cielos. Puesto que el reino de los cielos está establecido ya aquí en la tierra, la persona que vive como célibe por el reino de los cielos simplemente se anticipa a esta realidad viviendo ahora en la tierra lo que será eternamente en el cielo. Los célibes son un recordatorio vivo y encarnado de nuestro último fin cuando finalmente todos seremos la novia preparada para la boda del cordero. 

   Superioridad del Celibato

Es por esta razón que San Pablo sugiere a la comunidad de los Corintios que sigan su ejemplo de vida como uno que vivió célibe por el reino del los cielos: “A los solteros y a las viudas les digo que es mejor que se queden como yo (1 Cor. 7:8).” En resumen, San Pablo exalta la superioridad el celibato diciendo: “En conclusión, quien se casa con su compañera virgen hace bien, quien no se casa hace mejor (1 Cor. 7:38).” 

 
En conclusión, recuerden las Palabras del Apóstol San Pedro:
 

Encomienden a Dios sus preocupaciones, que el se ocupara de ustedes. Sean sobrios, estén siempre alertas, porque su adversario el Diablo, como león rugiendo, da vueltas buscando a quien devorar. Resístanlo firmes en la fe, sabiendo que sus hermanos por el mundo sufren las mismas penalidades (1 Pedro 5: 7-9).

Es importante tener en cuenta que no es solamente el don del celibato lo que está siendo cuestionando. Indirectamente, a causa de los eventos recientes, lo que se está dudando y atacando es la capacidad del ser humano de ser fiel votos perpetuos (dentro de la vida religiosa o del matrimonio), de recibir dones sobrenaturales de Dios, de ser capaz de vivir de maneras sobrenaturales, de poder experimentar y vivenciar una relación de amor íntima, mística y nupcial con Jesucristo. En fin, lo que se está atacando es la existencia misma de Dios y buscar de cualquier manera el como desacreditar la autoridad moral y espiritual de la Santa Iglesia Católica. “¡Estén siempre alertas!” y no se dejen sorprender por las trampas del enemigo. 

Mi oración es, que por medio de esta catequesis, aprendan más sobre lo bello del don sobrenatural del celibato; y en consecuencia, todos juntos sigamos apoyando a los célibes y promoviendo a nuestros hijos e hijas el responder afirmativamente a Dios con un generoso, fructífero y glorioso “¡Sí!” cuando reciban de El ese preciado don de vivir célibes por el reino de los cielos. En estos tiempos donde tanto se escucha la gente decir que no es bueno que alguien sea célibe, San Pablo nos dice: “Yo pienso que ésa es una decisión buena (1 Cor 7:26).”

Por favor visite el siguiente enlace para mas informacion sobre vocaciones sacerdotales y religiosas:

 


www.vocacioncatolica.com


Padre Len Plazewski
Director de Vocaciones
Diocesis de St. Petersburg/Tampa
Email: spvocation@dosp.org